jueves, 27 de febrero de 2014

De Tarifas y Destarifos

Con alborozo general se ha acogido por la prensa y los empresarios de la pomada, el anuncio que el presidente Rajoy ha hecho en el Congreso, a propósito del Debate sobre Estado de la Nación (O Así), respecto a eso que, por una vez con el acierto propagandístico propio de la bancada de enfrente, han venido a llamar la Tarifa Plana en la cotización social (100 pavos) para los trabajadores contratados indefinidamente.
Quienes enfrente han denostado la medida, no lo han hecho por la inanidad de su valía para el común de los empresarios, es decir de los pequeños y medianos, sino que la han atacado, así de paso, como lo hubieran hecho con cualquier otra en su caso, por negar la mayor, es decir, todos sin excepción los cambios hechos por el PP desde el inicio de la legislatura, sin entrar en detallitos, porque la consigna era matar el efecto de la noticia, como fuera.
Antes de seguir: salvo por los aplausos rabiosos que propinan a sus señoritos, lo ruidosos y gestuales que se ponen o se oponen, con que fueran sólo los de la cresta al Congreso, seis o siete, sería suficiente; los demás son papagallos repitiendo consignas que corren apaisadas por las filas antes de ser despachadas en los pasillos (y lo que es peor, recogidas y propaladas por todos los medios).
¿Y cuál es el porqué de esa inanidad?
Pues, tal como lo veo, de nuevo serán las grandes empresas que subcontratan la selección de sus empleados y se aseguran mediante terceros bien pagados la idoneidad de éstos, quienes podrán beneficiarse de la medida. Porque quién va a contratar para su taller o su tienda o su pequeña fábrica a un desconocido, de manera indefinida. Miles de contratos fijos, cientos de miles se hubieran podido producir en ese tejido empresarial maltratado, si se le hubiera dado la posibilidad de hacérselos a sus empleados bien conocidos, aunque todavía con un contrato precario, por miedos bien fundados ante la situación y quienes la mecen. Pero eso no da cifras inmediatas de mejoría de los niveles de paro, claro.
Aunque probablemente las hubiera acabado dando: primero fijos los de casa, y después a prueba los nuevos. Sentido común, vaya.
De este modo, el que tenga valor que los contrate: si sale con barba San Antón y, si no, la Purísima Concepción. Y siempre cabe la posibilidad de echar al conocido (-1) y jugar a la bono-empleo (+1).
¡Regocíjense, empresarios de la pomada, que esto es Jauja!

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