jueves, 27 de febrero de 2014
Whatsappeando con el trasero al aire
El pasado lunes llovía la noticia desde todos los medios: inminente posibilidad de utilizar esta popular aplicación en su versión de voz. Llovía, sobre el terreno ya mojado de su muy reciente compra por Facebook.
Soy usuario de WA como casi todo el mundo, pero me importa un pito Facebook y además me resulta muy antipático; supongo que habrá quien haga un uso inteligente de este medio pero, en general, me parece una forma de exposición/exhibición de los aspectos menos relevantes e interesantes de cada cual, que me seduce bien poco. Ya sé, ya sé que tiene su utilidad en según qué casos, conozco desde la barrera los usos/abusos publicitarios y también sé que permite (como si no hubieran otros medios) conectarse al día a día de personas alejadas en el espacio e incluso en el tiempo.
A mi, esta sola idea de que un compañero o compañera del bachillerato, desaparecidos convenientemente en el tiempo, se me puedan presentar de súbito en mi teléfono o en mi PC, así sin más, sencillamente me resulta una posibilidad suficiente, no ya para no incurrir en Facebook, sino casi para abandonar la telefonía móvil.
Pero aceptando mi descreimiento acerca de los reencuentros, acaso mi pavor, no dejo de ver a mucha chavalería colgada del invento y exponiéndose en él a futuras vergüenzas, cuando no a severos lastres en lo personal e incluso en lo profesional (ya hay empresas que rastrean indicios de conductas indeseadas para su causa por las redes sociales).
Se me dirá que es un punto de vista que no tiene futuro; pero hay bien poco que oponerle desde el que pretende la prevalencia de la racionalidad y la calidad en las relaciones, y mucho que decir del espejismo de esa pseudocomunicación o comunicación interruptus que, tantas veces, contrariamente a lo que parece, incluso agrava la soledad de la gente.
Pero a lo que voy: esta pareja se casa o por mejor decir el pretendiente se ha merendado a la novia y a todos y cada uno de sus infinitos tentáculos. Ahora, la reiterativa sospecha de intromisión por parte de Facebook en la privacidad de sus usuarios, se hace flagrante o así parecerá, en cuanto sea convenientemente digerida WA. De modo que a la alegría de poderle pegar una patada (patadón, coz de mula torva) a las actuales telefónicas, sedes todas ellas donde se cuecen las mayores tropelías, abusos y se urden las peores pesadillas para sus usuarios; a ese júbilo que parecía nuestro ahí, a la vuelta de la esquina, hay que ver qué añitos, le alcanza ahora la larga sombra de esos gigantes - sin paranoias- que nos mueven con sus hilitos, porque saben, como los otros, los que ya sabían cómo vapulearnos. Todo ello siempre con la aquiescencia de esta España de playmóvil, y la habitual falta de cintura para lo que toca, de esa Europa de la Señorita Pepis.
Pasen si no y vean cómo se pone la cosa:
https://dl.dropboxusercontent.com/u/38615789/SEGURIDAD%20WhatsApp.pdf
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