Uno o dos días antes del pleno para la
aprobación de la Ley
Orgánica de Sucesión a la Corona , el Secretario
General del PSOE, D. Alfredo Pérez Rubalcaba se despachó ante los medios con
que su partido se sentía hondamente republicano. Horas después, ungiéndose de hombre de
estado declaró en la tribuna del Congreso que se sentían (por el
PSOE) compatibles con la
monarquía parlamentaria vigente.
En diferentes foros, antes y después, no pocos
compañeros de D. Alfredo, bien recordaban su republicanismo aceptando la idea
de su jefe de filas, bien aparcaban ese debate —la mayoría— para mejor ocasión;
eso sí, dejando claro que el asunto, antes o después habría de plantearse, por
no decir reivindicarse.
Cualquiera que haya seguido algunas tertulias
televisivas o radiofónicas habrá oído, en diferentes formulaciones concretas,
esa idea de fondo entre muchos de los militantes del PSOE.
En dos comentarios anteriores en este blog ya
se advertía del avistamiento de dos negros nubarrones en el horizonte. Primero, el inusitado advenimiento de la susanidad como norte del
primer partido de la oposición, súbita proa ideológica o flauta a cuyos sones
bailar y, segundo, la peligrosa perplejidad —todavía ignorantes entonces
de la inminente espantá de Dña. Susana— que se había instalado
en las huestes socialistas, mirando a derecha e izquierda como el que ve un
Nadal-Djokovic, en doloroso trance por decidirse si son carne o son pescado.
Siempre con la temible iniciativa latente, no teniendo mucho sustancioso que
aportar a la política nacional por el momento, de la fuga hacia adelante, del
abrazo al oso que se le viene por su izquierda, uno no ya radical sino
populista y bananero. Tratando de buscar el vasto terreno
perdido, como natural corolario social de su ciego
y suicida seguidismo zapateril, no en el espacio socialdemócrata sino en lo que algunos más
cursis ya llaman el regreso a sus
esencias.
Así estábamos, con el partido que en principio debería
sustituir al actual en el gobierno, a un tris de tirarse al charco y todavía
fresco en los magines del respetable el metisaca de la denominada
Corrala Utopía; en
un momento, en que apenas el esquinado Madina y dos o tres más —que
también estaban, a la una, a las dos..., sin acabar de atreverse— eran las
únicas excepciones al generalizado clamor en favor del advenimiento de la susanidad; ahí estábamos, en vísperas de la
promoción a la jefatura del partido de su encarnación, cuando la muy
taurófila Sra. Díaz, se nos pone cavilosa, ata cabos, tira de calculadora,
sopesa rumores en algunos sanedrines... y pega la espantá.
Arrumbada la vieja guardia del partido, ignorada
e incluso despreciada por el zapaterismo toda intelligentzia. Desplazada como ha descrito en Historia de un despropósito el Sr.
Leguina, bien por mayores, bien por
la más leve discrepancia con el líder que los llevó, todos sabemos a costa de
qué casualidad, a la victoria
electoral, hoy, los nuevos, estos madinas y nosecomos que no llegan ni a pepiños,
quieren auparse, viendo expedita la escalinata, a la Secretaría General.
Una vieja guardia que tampoco se esfuerza por hacerse oír,
o en muy contados casos, como el del mencionado Leguina —al que acaba de invitar a marcharse del partido, junto a Felipe Gonzalez y
demás dubitativos ante la nueva ortodoxia, una tal Talegón, cachorrita zetapera que, como muchos de estos
nuevitos, está loca por dejarse la coleta y tirar piedras— y salvo algún otro, como
Redondo Terreros, que advierten de lo poco convenientes que resultan para
dirigir nada de nada, quienes todavía no han cotizado a la S.S. fuera del partido.
Como en el caso del PSC y de Pere Navarro —también incluida en el bombo, nunca mejor dicho, la Sra. ex-ministra de Defensa—, cuya deriva soberanista les encamina a la
desaparición porque el espacio que anhelaban estaba que no cabía un alma, igualmente estos
alevines de todo aquello que no sea medrar y transfigurarse dentro del capullo
socialista, pueden acabar convirtiendo al PSOE, con suerte, en un partido de la
talla electoral de UPyD.
Hay que decir, que merecido se lo tendrían por el silencio
cómplice de tantos ante las tropelías de ZP y sus ministrillos/as, incluido el
que ahora nos aburre con esas honduras republicanas de démodé gauche divine.
¿Dónde está Josep Borrell, con un currículo brillante que oponer
a estos donnadies y explicarles por dónde van los tiros en los foros europeos, dónde dejarse el durable pelo de la dehesa? Pocos
creerán que Patxi López pueda optar a encabezar una lista por su partido para
el gobierno de España, pero ¿a qué se debe ese súbito escaquearse? Y los
viejos santones del PSOE, ¿por qué callan? ¿Cuál fue el cálculo de Susana Díaz?
¿Cuál el de aquella otra que va y viene de Miami, la azogada Chacón, Carme reciente?
Desgraciadamente, como en tantas ocasiones, en lo último
que están pensando casi todos es en lo que pueda convenirle o dejar de
convenirle al país. Eso lo sabe El Tato, que ya es seguro, no se presenta a
secretario general.
Aquí se trata de salir lo más guapito posible en la foto,
porque fuera hace un frío del carajo. Sobre todo cuando no se recuerda la
intemperie o ni siquiera se conoció. Cuando no se pidieron excedencias para
ingresar en los dignos y alfombrados salones.
Y esta camada reciente de melifluos oportunistas, apparatchiks
que ventean la ocasión y se encaraman en pos de ella a costa de lo que sea,
como entonces ZP con sus mendicantes periféricos —al
que, por cierto, nos lo acabarán haciendo un hombre de estado—,
a poco que no se lo impidan algunos notables que, es de temer, tienen muy
poquita fuerza ya como para probarse con ellos. El zapaterismo llenó esa casa
de inanidad y ese es el cultivo del que salieron estos que hoy hablan de su
republicanismo, como hablarán mañana de cualquier lugar común de esos que dan náuseas
de tan probadamente inconsistentes y desgastados.
Renovarse con sentido de estado, cruzar el desierto
sabiendo que habrá un techo —el centenar de
escaños— que es perfectamente acorde con los
propios merecimientos; asumir desmanes y corrupciones de toda laya, reconsiderar viejas necedades y
posicionamientos de salón, viajar, preguntar a conmilitones mucho más
evolucionados, a este y el otro lado del Atlántico. Seguir renovándose, huyendo
de lo más profundo del siglo XX, que es exactamente en donde se está ahora mismo, y ya de paso revisar ese republicanismo —por la II R —
trufado de mentiras y de falseamientos peliculeros, de leyendas de medio pelo y tópicos
de lo más barato e irreal, recurriendo por ejemplo, y sin ir más lejos, a la palabra de don Julián Besteiro. Renovarse sí, todavía un poquito más…, que se puede, porque no se ha
hecho en cincuenta años. Todo ello, sin olvidar que, además y muy fundamentalmente, hay que hacer economías, no es sólo palique ni politiquerías, sino cuentas y cálculos bien urdidos y encajados en la realidad, no en los sueños utópicos de antaño.
Y, finalmente, volver para contárnoslo.
Se crecerá despacio, casi seguro, pero de
manera firme y hasta donde los méritos den de sí. Hasta donde alcen el listón o
realmente alcancen a transmitir por responsabilidad asumida y hondo y significado interés por la nación. No
como ahora, que no se acuerdan ni de su existencia, mientras bregan a codazos para
pillar asiento, como pollos sin cabeza, pero con mucha hambre.
¿Milagro?
Si ZP fue Presidente del Gobierno del Reino de
España.
Y además, no puede ser tan larga la travesía ni
tan esforzada si enfrente está don Tancredo.
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