martes, 17 de junio de 2014

DE HONDURAS Y COMPATIBILIDADES

Uno o dos días antes del pleno para la aprobación de la Ley Orgánica de Sucesión a la Corona, el Secretario General del PSOE, D. Alfredo Pérez Rubalcaba se despachó ante los medios con que su partido se sentía hondamente republicano.  Horas después, ungiéndose de hombre de estado declaró en la tribuna del Congreso que se sentían (por el PSOE) compatibles con la monarquía parlamentaria vigente.
En diferentes foros, antes y después, no pocos compañeros de D. Alfredo, bien recordaban su republicanismo aceptando la idea de su jefe de filas, bien aparcaban ese debate —la mayoría— para mejor ocasión; eso sí, dejando claro que el asunto, antes o después habría de plantearse, por no decir reivindicarse. 
Cualquiera que haya seguido algunas tertulias televisivas o radiofónicas habrá oído, en diferentes formulaciones concretas, esa idea de fondo entre muchos de los militantes del PSOE.
En dos comentarios anteriores en este blog ya se advertía del avistamiento de dos negros nubarrones en el horizonte. Primero, el inusitado advenimiento de la susanidad como norte del primer partido de la oposición, súbita proa ideológica o flauta a cuyos sones bailar y, segundo, la peligrosa perplejidad —todavía ignorantes entonces de la inminente espantá de Dña. Susana— que se había instalado en las huestes socialistas, mirando a derecha e izquierda como el que ve un Nadal-Djokovic, en doloroso trance por decidirse si son carne o son pescado. Siempre con la temible iniciativa latente, no teniendo mucho sustancioso que aportar a la política nacional por el momento, de la fuga hacia adelante, del abrazo al oso que se le viene por su izquierda, uno no ya radical sino populista y bananero. Tratando de buscar el vasto terreno perdido, como natural corolario social de su ciego y suicida seguidismo zapateril, no en el espacio socialdemócrata sino en lo que algunos más cursis ya llaman el regreso a sus esencias
Así estábamos, con el partido que en principio debería sustituir al actual en el gobierno, a un tris de tirarse al charco y todavía fresco en los magines del respetable el metisaca de la denominada Corrala Utopía; en un momento, en que apenas el esquinado Madina y dos o tres más —que también estaban, a la una, a las dos..., sin acabar de atreverse— eran las únicas excepciones al generalizado clamor en favor del advenimiento de la susanidad;  ahí estábamos, en vísperas de la promoción a la jefatura del partido de su encarnación, cuando la muy taurófila Sra. Díaz, se nos pone cavilosa, ata cabos, tira de calculadora, sopesa rumores en algunos sanedrines... y pega la espantá.
Arrumbada la vieja guardia del partido, ignorada e incluso despreciada por el zapaterismo toda intelligentzia. Desplazada como ha descrito en Historia de un despropósito el Sr. Leguina, bien por mayores, bien por la más leve discrepancia con el líder que los llevó, todos sabemos a costa de qué casualidad, a la victoria electoral, hoy, los nuevos, estos madinas y nosecomos que no llegan ni a pepiños, quieren auparse, viendo expedita la escalinata, a la Secretaría General.
Una vieja guardia que tampoco se esfuerza por hacerse oír, o en muy contados casos, como el del mencionado Leguina —al que acaba de invitar a marcharse del partido, junto a Felipe Gonzalez y demás dubitativos ante la nueva ortodoxia, una tal Talegón, cachorrita zetapera que, como muchos de estos nuevitos, está loca por dejarse la coleta y tirar piedras— y salvo algún otro, como Redondo Terreros, que advierten de lo poco convenientes que resultan para dirigir nada de nada, quienes todavía no han cotizado a la S.S. fuera del partido.
Como en el caso del PSC y de Pere Navarro —también incluida en el bombo, nunca mejor dicho, la Sra. ex-ministra de Defensa—, cuya deriva soberanista les encamina a la desaparición porque el espacio que anhelaban estaba que no cabía un alma, igualmente estos alevines de todo aquello que no sea medrar y transfigurarse dentro del capullo socialista, pueden acabar convirtiendo al PSOE, con suerte, en un partido de la talla electoral de UPyD.
Hay que decir, que merecido se lo tendrían por el silencio cómplice de tantos ante las tropelías de ZP y sus ministrillos/as, incluido el que ahora nos aburre con esas honduras republicanas de démodé gauche divine.
¿Dónde está Josep Borrell, con un currículo brillante que oponer a estos donnadies y explicarles por dónde van los tiros en los foros europeos, dónde dejarse el durable pelo de la dehesa? Pocos creerán que Patxi López pueda optar a encabezar una lista por su partido para el gobierno de España, pero ¿a qué se debe ese súbito escaquearse? Y los viejos santones del PSOE, ¿por qué callan? ¿Cuál fue el cálculo de Susana Díaz? ¿Cuál el de aquella otra que va y viene de Miami, la azogada Chacón, Carme reciente?
Desgraciadamente, como en tantas ocasiones, en lo último que están pensando casi todos es en lo que pueda convenirle o dejar de convenirle al país. Eso lo sabe El Tato, que ya es seguro, no se presenta a secretario general.
Aquí se trata de salir lo más guapito posible en la foto, porque fuera hace un frío del carajo. Sobre todo cuando no se recuerda la intemperie o ni siquiera se conoció. Cuando no se pidieron excedencias para ingresar en los dignos y alfombrados salones.
Y esta camada reciente de melifluos oportunistas, apparatchiks que ventean la ocasión y se encaraman en pos de ella a costa de lo que sea, como entonces ZP con sus mendicantes periféricos  —al que, por cierto, nos lo acabarán haciendo un hombre de estado—, a poco que no se lo impidan algunos notables que, es de temer, tienen muy poquita fuerza ya como para probarse con ellos. El zapaterismo llenó esa casa de inanidad y ese es el cultivo del que salieron estos que hoy hablan de su republicanismo, como hablarán mañana de cualquier lugar común de esos que dan náuseas de tan probadamente inconsistentes y desgastados.
Renovarse con sentido de estado, cruzar el desierto sabiendo que habrá un techo —el centenar de escaños— que es perfectamente acorde con los propios merecimientos; asumir desmanes y corrupciones de toda laya, reconsiderar viejas necedades y posicionamientos de salón, viajar, preguntar a conmilitones mucho más evolucionados, a este y el otro lado del Atlántico. Seguir renovándose, huyendo de lo más profundo del siglo XX, que es exactamente en donde se está ahora mismo, y ya de paso revisar ese republicanismo —por la II R— trufado de mentiras y de falseamientos peliculeros, de leyendas de medio pelo y tópicos de lo más barato e irreal, recurriendo por ejemplo, y sin ir más lejos, a la palabra de don Julián Besteiro. Renovarse sí, todavía un poquito más…, que se puede, porque no se ha hecho en cincuenta años. Todo ello, sin olvidar que, además y muy fundamentalmente, hay que hacer economías,  no es sólo palique ni politiquerías, sino cuentas y cálculos bien urdidos y encajados en la realidad, no en los sueños utópicos de antaño.
Y, finalmente, volver para contárnoslo. 
Se crecerá despacio, casi seguro, pero de manera firme y hasta donde los méritos den de sí. Hasta donde alcen el listón o realmente alcancen a transmitir por responsabilidad asumida y hondo y significado interés por la nación. No como ahora, que no se acuerdan ni de su existencia, mientras bregan a codazos para pillar asiento, como pollos sin cabeza, pero con mucha hambre.
¿Milagro?
Si ZP fue Presidente del Gobierno del Reino de España.
Y además, no puede ser tan larga la travesía ni tan esforzada si enfrente está don Tancredo.

jueves, 5 de junio de 2014

EL DON IMPASIBLE O COMO NO PARECER AL BORDE DEL ATAQUE DE NERVIOS

El monarca, acertadamente, deja paso.
Frente a quienes oponen la mala elección del momento, habida cuenta lo de Cataluña, la incertidumbre respecto al liderazgo en el —por el momento— principal partido de la oposición, republicano en principio; o la acrecida —cierta, viniendo de la nada, pero más que relativa en realidad— del más zafio y bananero populismo; el convaleciente estado de la economía y esa tremenda cifra casi impertérrita de parados, entre otras alegrías; frente a todos esos argumentos que ponderan la inoportunidad, cabe aducir, a bote pronto, no ya el conocido aforismo según el cual todo es susceptible de empeorar, por demás cierto, sino que siendo todo lo señalado más confiable a la experiencia del viejo rey, siguiendo ese criterio, será sin duda siempre mejor tenerlo vivo y capaz junto al joven monarca y habiendo elegido ambos el momento preciso del intercambio de trastos, que lidiar con el que determinasen por su cuenta el azar y la dama de la guadaña  —dangereuse liaison ésta, que uno desea que se olvide de S.M., por lo menos hasta poder empatarles a sus reales parientas británicas.
Acertadamente pues, nos deja a su heredero, libre de toda mácula a pesar de lo advenido en los últimos tiempos, con buen predicamento entre la mayoría no especialmente adepta a la III República, más serio y menos carismático que su predecesor en la línea sucesoria pero, por lo visto y oído de él, con más mimbres que aquél para afrontar lo que venga, siempre que lo que venga no sea un tsunami político imparable para él y para el mismísimo Julio César.
Y aunque así fuera, no cabe duda de la poca o nula responsabilidad que cabría atribuir a quien no ha de tener ninguna con carácter ejecutivo y, por tanto, determinante a la hora de encarar lo que viniese.
A pesar de todo, algunas dudas quedan respecto a nuestro inminente Felipe VI, claro, como no podría ser de otro modo. Aunque siempre serán menores que las que suscitaba Juan Carlos I, llamado El Breve, quizá desde su proclamación hasta aquella madrugada del 23 de febrero, en que todo el país le atribuyó, voz publicada mediante, la firmeza al timón, la prudencia y la pericia, inéditas hasta entonces, para detener la insania cuartelera sobrevenida (pero esa es harina de otro costal).
El monarca abdica, acertadamente, cuando todavía es posible suponer entre las bancadas parlamentarias suficiente sentido de estado, acaso mero sentido común, o incluso sólo el pedestre y muy básico instinto de supervivencia, como para pactar con diligencia la ley orgánica requerida para la sucesión, con los votos necesarios para ello y sin enredarse ni dejarse enredar.
No hay más que ver cómo el líder (o así) de IU, don Cayo Lara, quien aun sin haber frecuentado nunca especialmente aquellos buenos sentidos, viéndose ahora rebasado de zurdas por los pudientes, sin pensárselo se ha encaramado a la higuera y desde allí arriba nos ha brindado su particular salto del ángel: a saber, que la disyuntiva que plantea la sucesión, es la de Monarquía o Democracia.
Hay que ser zote, ágrafo, sectario y mal nacido (por desagradecido). Porque podrá decir con todo derecho que adora la República como forma de Estado ­­—entre otras razones, porque de la de sus amores, ignora todo cuanto no conviene a su sectarismo falaz— pero lo que no puede con dignidad es negarle a la monarquía parlamentaria las libertades y el (más que perfectible) orden democrático, del que fueron sus correligionarios los primeros beneficiarios. Sistema democrático que nos trajo la corona y la derecha disidente o descreída del franquismo, fundamentalmente, con la impagable colaboración del PC de don Santiago Carrillo, que no se echó a las plazas como esa amalgama de desnortados, casposos y resentidos, que no pintaron un rábano entonces —porque de haber pintado estábamos todavía en las cavernas.
Nivel, categoría, luces, agudeza, ponderación, altura de miras, libertad de pensamiento, curiosidad histórica, bagaje.
De todo ello carece este sandio, y no quiero decir el supervasco que se pone una ensaimada por tocado, don Iñaki Anasagasti —del que dicen que una vez tuvo una idea, aunque no supo expresarla— o la máquina de perder espacio político y elecciones que es el actual Muy Honorable (O Así).
Todos encaramándose, reptando, ansiosamente rampantes hasta la copa de la higuera, para vocear a toda prisa aquello que se le ocurriría al más simplón de sus afiliados, al más cortito de su cuadrilla.
Una cuestión de nivel, Maribel.
La República es un régimen político tan cabal o tan contrario a la equidad como acierten a construirlo sus ciudadanos, líderes mediante. En España, por mero desconocimiento de la que fue su última versión, la Segunda, también por sectarismo y mala fe de quienes no aceptan la parte de responsabilidad de sus afines totalitarios en el fiasco acaecido con ella, ese sistema político, de momento no podrá ser tan neutral y universal para sus ciudadanos como sería exigible, para poder dirimir en él las diferencias políticas y producirse la común alternancia democrática.
Y eso es así, por desgracia.
Por esa pertinaz cerrilidad de quienes ahora la pretenden sin ningún respaldo electoral. Sólo al flamear de banderas con un explícito afán de revanchacomo don Cayo. Siempre azuzando, ahora con  los que pueden al frente, con la vieja murga incesante de reparar, a costa de otros, los supuestos agravios. Una y otra vez llenando plazas con su muestrario de yagas y resentimiento. Porque de eso viven.
Todo lo cual, al final sería ruido que acabaría por extinguirse, más pronto que tarde, a no ser que prosperara en el primer partido de la oposición —y eso sería lo preocupante, muy extraviado y ayuno de ideas, muy descolocado tras tanto varapalo en las urnas, la tentación de escorarse zapateramente a la izquierda, hollando sobre las mismas pisadas que los trajeron hasta aquí. La tentación de abrazarse al oso y buscar sus peces, no en el caladero de los que quieren trabajo y estabilidad, horizonte para los suyos cuanto antes, sino de aquellos otros que por no tener apoyos suficientes, ni lejanamente, tienen bien poco que perder en el barullo.
La tentación, por falta de alguna cosa seria que proponer. De echar tinta, en una fuga hacia adelante por no afrontar el gravoso legado zapateril y, en tal caso, muy lejos de hacerse el ánimo de atravesar el desierto, con paciencia y una clara intención de regresar siendo un partido sobrio, sereno, con propuestas distinguibles y muy renovadas; en fin, un partido de gobierno, pero muy muy actualizado.
Quizá la pretensión de ocupar espacios que ni son suyos ni lo serán: por ejemplo, reivindicando su carácter republicano, precisamente ahora, con la que está cayendo, tirando de esa vena retroprogre, incendiaria de salón, que es en sus portadores como una adolescencia crónica, por mal curada.
De hasta qué punto andan peligrosamente zombis, da cuenta el espectáculo de estos días atrás, justo antes de que la abdicación los dejara en silencio y rumiantes.
Me adelanté por poco a lo que hoy parece una realidad: la fulgurante ascensión de Dña. Nadie a las más altas cimas del partido:


Cómo estará el predio, para que, efectivamente, junto al esquinado varón Madina, se haya convertido en la gran esperanza hembra del partido, una señora que hasta la fecha nada ha dicho digno de recordarse. A la otra señora que fue ministra de defensa por estar preñada, ni mentarla. ¿Con qué bagaje, pues? ¿Con qué propuestas? 
¡Pero please...! Quién necesita fondo de armario habiendo federalismo y III República.
Y a los paisanos, que les den. Porque propuestas pensando en el alivio del paganini, ni una. Por cierto, ¿nadie por esas alfombras ha oído hablar del flagrante chuleo de las grandes corporaciones de este país con los ciudadanos, que además son sus clientes?
Zapatero fue el santón de las politiquerías a libre calzón y, es muy de temer, que esa inconsciencia fatal, esa irresponsabilidad suicida, vuelva a cabalgar desbocada con otro jinete chalado a sus lomos o con una amazona sin el menor fuste (que no fusta).
Y para el final, los alegres tacañones.
Contando votos de diferencia con sus perplejos vecinos, más catatónicos que serenos ellos, y con esa funesta inercia que les trae desde la pasada legislatura en la oposición: la resistencia. Que como decía don Camilo, en este país, el que resiste gana.
Hacer un gesto, decir algo nada relevante como es costumbre, existir mismamente son riesgos todos inasumibles en Génova. Veánse si no, las pasadas elecciones, aquel debate ruinoso, precisamente por soltar la sinhueso tontamente.
Moverse, resollar, un leve tic, pueden ser una debacle.
Obsérvese con qué hierática naturalidad se desenvuelve la Sra. Cospedal, la alegre secretaria general de este magno funeral. Repárese en el transilvano ministro de hacienda, si pueden soportar sus terroríficos silencios o sus procaces gallos.
Si los conmilitones del chamuscado Rubalcaba viven sin vivir en ellos, a éstos les lleva la bruma como si fueran la familia Adams. 
Tecnócratas ojerosos.
Se dice que Suárez exigió a su equipo de la Moncloa limpieza de papeles en los despachos. Allí no se iba a ver números. Ellos estaban para hacer política. Lo otro, la brega con los asuntos, para los subsecretarios y los ministros de lo concreto.
Ahora cualquier etólogo que pretendiera estudiar cómo se desenvuelven los azules en su charca, no tendría más remedio que alterar su ecosistema desescombrándolos del alud de sus gráficas. 
Aquí no hemos venido para hacer política.
Aquí nos vaciamos pintando gráficas y gráficas y gráficas…
Se nos va el presupuesto en papel milimetrado, oye.
Pero resistiendo, la mar de bien.