martes, 15 de abril de 2014

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE SUSANA DIAZ

El taurino metisaca de Dña. Susana Díaz el pasado fin de semana ha sido la gota que colma el vaso de la tolerancia con la idólatra estupidez de parte —no poca— de la opinión publicada por estos pagos. No la opinión amiga del periodismo de su cuerda, es decir, de casi todo el planeta parloteante con capacidad para hacerse oír, ver o leer, sino de casi toda la opinión, salvo muy escasas excepciones que, en general, en uno u otro momento se ha deshecho en elogios sobre el nuevo aire que traía la tal Dña. Susana a la política andaluza. Que la ponderaba ya como una firme baronesa para liderar el PSOE, si no de inmediato, enseguidita; si no pasado mañana, al otro.
Cualquiera con sentido común que siga la política andaluza —horrorizado, como no puede ser de otro modo— se habrá sentido molesto con tan inusitada y exponencial expectativa concitada por una política, para empezar y de partida lastrada con el pecado de unas primarias amañadas para que no se le opusiera nadie, bajo el padrinazgo del anterior presidente Griñán, éste sí que en puertas —enseguidita— de aparecer como encausado en la superlativa estafa de los ERE, —en nombre y detrimento de los descamisaos otrora apacentados por Guerra, Don Arfonzo. 
En la página oficial de la Junta de Andalucía se nos dice que Dña. Susana "es licenciada en Derecho por la Universidad Hispalense y diplomada en Alta Dirección de Instituciones Sociales por el Instituto Internacional San Telmo." Todo pues, a vista de Giralda.
Respecto a su trayectoria en el mundo real de lo que llamaríamos sus inicios en la calle, los sucesivos empleos que la llevaron tras su ejercicio y la experiencia adquirida en ellos a la vocación política, poco a poco, despacito y buena letra, hasta aparecer por alguna pedanía, alguna alcaldía menor o así, nada de nada, en absoluto. Rien de rien. Nothing.
Dña. Susana Díaz "ha desarrollado una intensa trayectoria política en la comunidad autónoma. Ha ocupado distintos cargos orgánicos en el PSOE de Andalucía e institucionales en el Ayuntamiento de Sevilla, el Parlamento de Andalucía, el Congreso de los Diputados, el Senado y el Gobierno andaluz, a cuya máxima responsabilidad accede tras ejercer como consejera de la Presidencia e Igualdad durante el primer año de la presente IX Legislatura."
Y para que no quepa duda de que se sobraba para lidiar lo lidiado esta pasada semana, puede encontrarse traza de su valor y su preparación al efecto en esa misma página: "Al frente de este departamento —se refiere a Presidencia e Igualdad— ha dirigido la labor de coordinación del actual Gobierno de coalición entre PSOE e IU LV-CA, así como la interlocución con el Gobierno central y otras instituciones estatales, autonómicas, europeas e internacionales." La cursiva es añadida. 
¿Alguien dudaba de que SD fuera capaz de coordinar con IU lo que se le pusiera por delante, todavía más: teniendo en cuenta que ella misma lo había descoordinado si no descuadernado antes, porque así le pareció conveniente? 

Aclarado que poder podía y que experiencia y maestros no le faltaban a Doña Susana —no habrá visto ella metisacas de Curro en la Maestranza—,  lo que aquí nos trae es la fulgurante ascensión de la susanidad y la insoportable levedad de su substancia.
En unos pocos titulares:

18 de Octubre de 2013 
El Mundo:

"Susana Díaz se declara heredera de Zapatero en su toma de posesión"
Susana Díaz saluda a José Luis Rodríguez Zapatero. | Carlos Márquez

18  de Octubre de 2013
Diario de Sevilla:
La presidenta de la Junta, Susana Díaz, señaló ayer que su Gobierno apostará "por la cultura del riesgo" por ser "el mejor aliado" de las empresas que quieran invertir en Andalucía. Díaz visitó el bloque logístico de Mercadona en Guadix, junto al presidente de la cadena, Juan Roig, que apostó porque los empresarios deberían "hablar menos y hacer más".

10  de Noviembre de 2013. 
Diario El País: 
Susana Díaz pide al PSOE que vuelva a ser «reconocible» y defienda a «España y su unidad»

23  de Noviembre de 2013 
Diario El País:
Díaz hace una exhibición de poder. 
La presidenta andaluza asume el mando del PSOE andaluz con un 98,6% de los votos. 
Ha logrado deslumbrar a los dirigentes de su partido, con un lenguaje claro, sin rimbombancias.
“Desde el primer día he dicho que mi compromiso es con Andalucía”
La secretaria general del PSOE-A dice que su partido "tiene vocación de gobernar sin hipotecas".


Peridis lo recogía de esta alegre guisa:

Foto

Así pues, forjada queda la líder y baronesa y futura presidenta de España o de lo que haya menester. Tal es el erial en que ha quedado el PSOE, no sólo en Andalucía —bochornosos ERES, paro y atraso seculares— sino en el resto de España también. La indigencia intelectual del furgón zapateril: el esquinado y anodino delfín Madina y la no menos inane y delfinesca ex-ministra de Defensa (de la que hoy sabemos por Leguina que debe su nombramiento al solo mérito de su preñez, en un gesto de aquellos a los que tan proclive era Zapatero: pour épater le bourgeois). Es tal la ineptitud y la falta de arrestos para regenerarse y renegar de las tropelías perpetradas por los conmilitones en el PSOE y en UGT, que con cuatro frases de Dña. Susana y ese asomar la cabecita del sumidero de porquería que corre por el Palacio de San Telmo, con una cara nueva, bien lavá, de inmediato se vuelve al ondear de banderas, al sacar pecho —para pronto el homenaje a Zapatero—  al perdonar vidas sin el menor atisbo de autocrítica, tan poseídos de sí mismos, siempre balanceando alegremente las piernas por la balconada de su atalaya de superioridad ética. Pero siempre mirando a otro lado y obviando el servil caciquismo decimonónico y el saqueo general impuestos por los Chaves, Griñán, Zarrías y demás trabucaires instalados en la atalaya, bien juntitos. Siempre atribuyendo los africanos números que presentan año tras año por su (in)gestión, a un pasado ya inmemorial para la mayoría de sus ciudadanos, que ni se acuerda de los años que están al timón de Andalucía.
Esperando atentos el penúltimo auto de Dña. Mercedes. 
Y más soufflé:

25  de Noviembre de 2013 El País: 
Susana Díaz convoca al PSOE a emprender “una ola de cambio”

16  de Enero de 2013 ABC:

La presidenta de la Junta, Susana Díaz, y el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, han firmado este miércoles en Sevilla un convenio marco de colaboración para impulsar el empleo juvenil y la investigación sanitaria en Andalucía en el que se incluye además una operación de crédito a corto plazo por valor de 500 millones de euros.

 Pulse para ver el video

Pocos parecen quinientos, para sostener los 281 chiringuitos que mantiene esta Susana que venía sobre la espuma de la “ola de cambio”. Fundaciones (72) dedicadas a fines de todo pelaje, incluida una con el cometido de exaltar la figura del rey Fahd de Arabia Saudí (¿Por qué no de Elvis Presley o de Pelé?). Y 281 organismos ajenos a la propia administración autonómica —tan tiernos, tan mollares y predispuestos— pero dependientes del dinero público: de los cuales 131 pertenecen íntegramente a la Comunidad Autónoma, mientras que los otros 150, aunque controlados por la Junta, digamos que son a pachas con terceros agradecidos. ¿Con quiénes concretamente y con qué benéfico criterio para los administrados y bajo qué sistema de control y fiscalización de cuentas? Lo saben los de las patitas colgantes de la atalaya, incluida la doña que los mantuvo y los mantiene: Supersusana.
¿A qué hacerse lenguas hoy porque Dña. Susana tras este finde se nos haya quedado en la Susanita del ratón? Nos pasaba de niños: inflábamos el globo, un poquito más, otro poquito, un último soplidito..., y nos estallaba en la cara.
Doña Susana tuvo un pronto y reaccionó como si no fuera ella misma y sus previas circunstancias. Así tal cual, enrabietada esa nueva y fugaz ella susanil ante la palmaria vulneración de la ley en la Consejería de Fomento a manos de IU —es decir, dos pisos más arriba de la atalaya, menor capacidad si cabe para mantenerse entre los cauces legales—, la suspendió de competencias en materia de Vivienda (¡Tate...!) mediante decreto publicado el sábado en el  B.O.J.A., y a la 1,40 de la madrugada siguiente se comprometió a firmar la derogación del decreto mismo, en su mismidad, devolviéndole la competencia otra vez a la Consejería —un Donde dije digo, digo Diego alicatado hasta el techo y con vistas al Guadalquivir—. Los de la Corrala Utopía, no cupiera mejor nombre, seguirán con las llaves de sus pisos en sus respectivos bolsillos, según cuentan en IU, porque han hecho ver a la del ratón que todo "era legal y cumplía con todos los trámites jurídicos correspondientes", tal como lo recoge El Confidencial.
También ha recogido ese mismo digital que "La secretaria general del PP andaluz, María Dolores López Gabarro —encantado de oírla mentar—, ha dicho este sábado que la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, ha hecho el "ridículo" al retirar el decreto que devuelve a IU las competencias en viviendas sociales y le ha acusado del "descontrol y desgobierno" que hay en la comunidad."
Para ridículo el que hacen ellos desde las primeras elecciones autonómicas en Andalucía y, si milagro no mediase, seguirán haciendo en las próximas que vengan, ahora con nuevo espada culiparlante pero sin quitarse de encima el tufo de señoritos repipis y clasistas. Que ya tiene delito.
Será la enconada disputa entre Dña. Nadie y D. Ninguno.
Que gane el árbitro.





lunes, 7 de abril de 2014

HER: CIENCIA FICCION, PERO CON BIGOTE

Debo a Arcadi Espada la lectura de algunos libros de verdadero interés que encontré citados en sus artículos y no me decepcionaron. La temática, genéricamente considerada, podríamos encuadrarla en una suerte de filosofía de la ciencia.
La última vez que seguí la estela de alguna de sus sugerencias, por otra parte nunca explícitas en sus artículos, fue al decidirme por una de tantas películas con algún interés, de pronto agolpadas tras la pertinaz sequía en las carteleras: Her, la película de Spike Jonze protagonizada por Joaquin Phoenix. 
Es verdad que esto último me ayudó definitivamente a elegirla. La presencia de ese actor en una película es un marchamo de calidad. Y sus personajes vienen siendo descomunales construcciones interpretativas. Seguramente por eso Hollywood lo ignora. Allí sigue pesando mucho para los galardones protagonistas, haber perdido o ganado veinte kilos para el papel. También las taras bien llevadas son muy valoradas. Costumbres.
Si en su última película, The Master, de Paul Thomas Anderson, compartiendo protagonismo con otro grande el recientemente hallado muerto en su apartamento neoyorquino, Philip Seymour Hoffman nos mostraba una vez más un excelente trabajo cargado de primeros planos desasosegantes, de una demencial violencia contenida y con aquel contrapunto de sumisión ante el líder sectario, excelentemente recreado en todas sus facetas por otro espléndido Hoffman, desgraciada e inopinadamente en uno de sus últimos papeles, ahora, en la reciente Her, puede decirse que la cámara apenas se aparta de Phoenix algún instante.
En este caso, la réplica se la da una voz, la de Scarlett Johansson  Inés Blázquez doblándola por primera vez para este film, con un magnífico trabajo cuyos méritos desconozco pero que, como al soldado el valor, en el caso de la Johansson debemos suponerle el talento en offNo debe ser nada fácil interpretar al vacío, sin presencia ni ambientación en la que apoyarte a lo largo de toda una cinta, pero menos debe serlo con una agobiante cámara en casi permanente primerísimo plano contigo, como en el caso de Phoenix, durante medio rodaje.
La historia, del propio Spike Jonze, sí que ha sido valorada, tanto en los Oscar como en los Globos de Oro; en ambos casos ganadora del galardón al mejor guión original, como también lo ha sido en los premios anuales de los críticos de cine. Sí que fue premiada como mejor película y mejor dirección en los prestigiosos National Board Of Review
Esta es una película de ciencia ficción, pero menos. La película sitúa los hechos en lo que podemos suponer un futuro dentro de veinticinco o treinta años, como máximo. Los exteriores, bien elegidos y muy bien fotografiados como toda la cinta en general por H. Van Hoytema, nos muestran una ciudad Los Angeles por sus interiores, es decir, establecimientos y espacios urbanos de recreo que nos resultan asumibles hoy, aunque se hayan elegido arquitecturas más o menos vanguardistas. Reconforta el optimismo de Jonze, que nos hace saber que la gente todavía va a la playa y se expone al sol tumbada en la arena; también que lo hace básicamente vestida al efecto, con la misma contenida facticidad de hoy. O sea, que todavía no es obligatoria la exposición de mondongos y colgajos al sol.
Por lo demás, se trata de una historia de amor. Una historia de desamor, también; de soledad y desolación entre gentes encerradas en sus micromundos, semiincomunicadas, si bien rodeadas de toda suerte de juguetes avanzados, por otra parte muy comunicativos: interactividad huera.
Lo distintivo de la historia es que la relación amorosa, con todo su recorrido imaginable, es la que se produce entre un señor (con bigote), Joaquin Phoenix en el papel de Theodore Twombly y un sistema operativo, una voz de mujer en realidad, elegida con ese sexo por el propio Theodore, obviamente heterosexual. Un sistema operativo que le procura una ella que, alternativamente, atendiendo a la situación, bien se comporta casi como una geisha, bien como la mejor de las secretarias imaginables. Una especie de superyó atento, eficaz, comprensivo y... cada vez más cercano y necesario, más omnipresente en la vida de Theodore. 
Algo muy importante es que además aprende. Ella cambia, evoluciona con él. Va readaptándose en el intercambio con el humano en general.
No hay en todo ello nada que no nos encaje, que no nos parezca la consecuencia natural de la situación previa de Theodore y de unos tiempos nada remotos para el observador actual. Spike Jonze nos introduce en la historia con maestría, entre detalles que nos van permitiendo conocer a un hombre corriente, diríamos un oficinista, empleado como escribidor de cartas para terceros. Cartas con un contenido sentimental, cuando no amoroso, muy solicitadas al parecer para ocasiones diversas: cumpleaños, declaraciones amorosas, despedidas, por clientes que pagan por esos servicios íntimos a su empresa. Un trabajo creativo para el que está muy cualificado. Una vieja profesión la suya en realidad, en tiempos pretéritos obligada muchas veces, entre otras razones más específicas por el analfabetismo imperante, y aquí reconvertida en una industria que no nos puede parecer inverosímil, a poco que miremos a nuestro alrededor con interés y razonemos algunas consecuencias de lo que vemos y oímos.
Borges se maravillaba a su paso por los EEUU en los años setenta o quizá los ochenta, por que se impartieran clases de conversación básica, de primer contacto, para adolescentes que parecían inarticulados verbalmente y a quienes, por ello, resultaban muy complicados los estadios iniciales del trato con sus semejantes, los básicos para no permanecer silenciosos y aislados.
Para no entrar en detalles y destripar la película, se trata de una historia de amor muy bien contada, demorada y detallista, siempre creíble como consecuencia natural de lo ya conocido y extrapolable, efectivamente el tipo de relaciones cortoplacistas, sincopadas, telefónicas que comienzan siendo estimulantes por su novedad o incluso su arbitrariedad, sexo telefónico o por skype con amigas o amigos conocidos un día en internet o en un viaje real, pero avecindados en Sebastopol un sitio ahora muy popular, por tanto casi virtuales en sus vidas que, curiosamente, en la excelente Her son relaciones que parecen interesarse por versiones más camp e intentar regresar al siempre pegajoso intercambio de fluidos como posibilidad a explorar.
Y el detalle incómodo, algo inquietante: ¿por qué lleva bigote Theodore? Cuál es el porqué de ese anacrónico bigote, nada habitual pasados los años ochenta del lejano siglo XX. Un bigote que no es para nada común, como ocurre hoy, entre la gente que podemos ver en las contadas ocasiones en que hay un plano amplio y poblado. ¿Nos quiere anclar al personaje, con ese bigote, no muy lejos de nuestros días o de nuestro universo fisonómico? ¿Es un moderno el tal Theodore o justamente lo contrario?
Salvo ese bigote tan prosaico y alejado de la ficción futurista al uso, con la inolvidable excepción de Blade Runner, la joya de Ridley Scott a medias con Vangelis, donde cabía todo, la cinta se sigue con una enorme naturalidad, como algo que tenemos ahí, a la vuelta de la esquina.
Hay que ver cómo se mueve Phoenix, no ya en los invasivos planos cortos, habituales con él, sino igualmente en esos planos medios, su caminar tan distinto aquí y en The Master, la composición tan contrastada y alejada, en ambos casos genial, de este tipo del que habrá que estar muy pendiente porque vienen dos nuevas pelis con él de protagonista y, buena, muy buena pinta:
Inherente Vice (2014), de nuevo con Paul Thomas Anderson y un reparto que incluye en papeles menores a Benicio del Toro y a Sean Penn.
Y El sueño de Ellis (The Immigrant. 2013), de James Gray, con el que Phoenix ya ha hecho varias, y que se aproxima a los avatares de aquella masiva inmigración a los USA durante los primeros años del siglo pasado y los años previos y posteriores a la II Guerra Mundial. Con la consiguiente cuarentena en Ellis Island, caso de enfermedad. NY tan al alcance de la vista, pero tan lejano todavía. El peso y la incertidumbre de una posible deportación, siempre presentes.

P.S. El museo más emocionante que conozco es precisamente ese que hay en Ellis Island, testimonio franco de la inmigracióntambién por franqueza como quizá sólo saben ser con sus trapos sucios los americanos de aquellas mareas humanas que llegaron, incesantes, barco tras barco, a NY.  

jueves, 3 de abril de 2014

FUERON CUATRO, SÍ.

La muerte de Adolfo Suárez, hace unos días, sus honras fúnebres desde el Congreso de los Diputados, la revisitación generalizada en los medios escritos y audiovisuales de aquellos días turbulentos de su presidencia y, en fin, la elevación ―merecida seguramente― de su figura al rango de héroe nacional, de prócer de la democracia y autor de la transición ―junto al rey, aunque quizá con una determinación mucho mayor: su sola determinación, si creyéramos a Pilar Urbano.
Todo ello y la ignorancia o la displicencia de tantos comentaristas en los medios hablando de la presencia en esos actos de los tres ex-presidentes de la democracia, me ha hecho revisar un libro leído en el año de su publicación, 1990, junio, Memoria viva de la transición, escrito precisamente por quien estos días se ha visto tan ninguneado, presidente sucesor del ahora honrado, con quien se dice que acabó aquella etapa de la transición, sin embargo revivida cada poco en nuestros días, puesta en solfa, discutida, como esos finados que acaban gozando de una salud excelente.
Leopoldo Calvo-Sotelo, el cuarto descontado que también fue presidente, aunque por un periodo más breve, sí ―juró el cargo ante el rey el 26 de febrero del 81 y le relevó Felipe González en noviembre del 82― pero tan cargado políticamente como esclarecedor pasados los años y las legislaturas de uno y otro signo, respecto a cómo fueron las cosas entonces, cómo quedan hoy retratados algunos de sus protagonistas y cómo hasta se pudo empezar a barruntar ya entonces el pedrisco que pronto acaecería: el sillón a cualquier precio, la falta de ética y de ejemplaridad en el cargo, el transfuguismo, la partitocracia, la judicialización de la política, la corrupción, la impunidad, la berrea nacional...
En el desaparecido Diario 16 del 23 de febrero que, de haber sido asiduos, podrían haber leído Tejero y quienes esa misma tarde entrarían armados en el Congreso, Pedro J., su director, escribía: "Una de las mejores cosas que podría decirse de la etapa que ahora inicia Calvo-Sotelo es que sirvió para que los socialistas llegaran al poder en un clima de consolidación y asentamiento."
El primer momio de su mandato pues, este de la alegría de ser el inamovible puente hacia quienes habían vapuleado sin miramientos al falangista de su antecesor y a los fachas de su partido.
Pero sólo el primero. Habrían innumerables para quien, aunque ministro con el último gobierno de Arias y todos los de Suárez, salvo el posterior a las elecciones del 77, en realidad era un técnico llegado del mundo empresarial ―rara avis en ese oficio, como también por su preparación, su cultura y por ser políglota, a pesar de ser presidente―, sin una gran vocación política según propia y creíble confesión, tras lo narrado en esa crónica.
Además, con la condición de barón pero sin familia política ―un pastor sin rebaño― en una UCD donde todo eran barones con sus respectivas familias o familiones. Hoy diríamos un verso suelto, en aquella agrupación de intereses por sectores que era la UCD, y que el mismo Calvo-Sotelo compararía con el remache que sujeta las varillas del amplio abanico, en este caso político, que albergaban sus filas.
Tras la tejerada fallida, tan confusa hasta hoy por mor de los muchos silencios pactados y de aquel juicio oscuro y tutelado, efectivamente consolidación y asentamiento serían, como no podía ser de otro modo, las prioridades del nuevo gobierno. Las palabras normalizar y normalización las recordarán seguro quienes tuvieran entonces una edad suficiente, como invariables coletillas añadidas sin excepción a cualquier speech político cotidiano.
En aquellos días que ya no bañarán las mismas aguas como sabemos desde Heráclito, rara era la persona que decía algo positivo de Calvo-Sotelo, incluido el que esto escribe, también tan otro. Fue un presidente impopular desde aquel primer 26 de febrero de su mandato. Como él sabía perfectamente y ni se hacía ilusiones, ni tenía alguna secreta,  reservada para más allá del horizonte de aquella legislatura que ya promediaba cuando él relevó a Suarez, carecía completamente de aquello tan valorado entonces: el carisma. Una cualidad que, de otorgársele demasiada consideración, resultaba sin embargo tan nociva como pronto habríamos de enterarnos en este país, entonces por completo desapercibido de las funestas consecuencias que entrañaban la credulidad ciega de ese caudillismo inercial y los abusos a que conduciría.
El carisma le era definitivamente ajeno, pero tenia sobradamente todo lo demás para ser un buen presidente. Especialmente en un tiempo de profunda crisis económica y política: Ingeniero de Caminos ―de aquellos― con experiencia al más alto nivel ejecutivo en la empresa privada, concretamente en Unión Explosivos Riotinto, el mayor grupo industrial español a la sazón; experiencia política en primera línea de los acontecimientos en una etapa cargada con tantos cruciales: desde los postreros coletazos del franquismo boqueante del último gobierno de Arias Navarro al inmediato cambio de régimen; experimentado negociador allí donde se dirimía la integración de España en las CCEE, de la que venía siendo el verdadero impulsor desde su puesto de Ministro ―inédito― para las Relaciones con las Comunidades Europeas, cartera con la que había hecho senda por las cancillerías, los foros y los lobbys europeos pertinentes para la causa ―y camino que dejaría bien trillado tras su puentazgo, a mayor gloria de su sucesor, atento como siempre a capitalizar cualquier buena noticia como autor de ella; en este caso el ingreso, cuando se alcanzó, en las CCEE―. Por último, tenía un apellido azul, con resonancias históricas, que daba serenidad a los que entonces más temían, porque eran quienes habían tenido todo el poder y, por tanto, todo que perder.
Pero en aquellos días que ya no bañarán... etcétera, no encontrabas a nadie que simpatizara con aquel hombre tan poco simpático. Y tan aparentemente falto de sentido del humor, siendo persona tan leída, tan escribida e incluso tan interpretada, pues tocaba el piano, al parecer fluidamente.
Un muermo, un señor tan pulcro en la expresión, tan sobrio de ademanes en sus comparecencias, con aquellos discursos tan abrochados y puntillosos, como incapaz de transmitir el menor entusiasmo: siempre una presencia la suya, con una ostensible aura de provisionalidad, como una de esas semanas lluviosas que sabes condenada a aclararse y escampar.
Tiempo andando, ya luciendo el sol socialista y retirado él de la política, hubo semanalmente una parodia en la radio, creo que en el programa matinal de Antonio Herrero, en la que un imitador hacía de Suárez y otro de Calvo-Sotelo. Suárez en vividor y dicharachero, como agente y mentor de un Leopoldo, nada menos que aspirante a contador de chistes. Lo contaba primero y, después, a petición de Suárez que lo animaba y lo jaleaba por su gracejo natural, acababa explicándolo: "La gracia de este chiste estriba...", decía D. Leopoldo y resultaba hilarante, antes de comenzar la explicación del chiste, solamente ya por lo contradictorios, lo rechinantes que resultaban juntos, su tono habitual y la idea misma de hacer gracia.
Y, sin embargo, pasado el tiempo, leyendo ahora sus propios comentarios sobre aquel exiguo periodo ―de Suárez a Gonzalez―, sin el ruido de entonces, todavía próximo, ni la fanfarria del momento soleado de los días de su edición (¿alguna vez habrá por estos pagos un tiempo calmo y riguroso, razonable?), sin los prejuicios que se habían extendido y sobrevivido hasta aquel 1990, desde la virulencia política iniciada con el gobierno Suárez  ―quizá desde la moción de censura presentada contra él―, propalada desde los medios y una oposición más que encelada divisando ya las playas de su desembarco; separando pues el trigo de la paja en esta segunda visita, libre de propagandas y con el conocimiento de lo que después vendría; comparado aquel gobierno bienal, último de la UCD, tantas veces presentando por la oposición como un (des) gobierno de penenes, colmo de la inutilidad, de la incapacidad, y a Calvo-Sotelo como la cima de la futilidad presidencial; considerando el periodo desde tanta distancia como la que significan más de treinta años, no hay la menor duda a mi juicio: la comparación es estrepitósamente favorable para el chistoso don Leopoldo y su gobierno de penenes heredados de Suárez, que él mantuvo en su mayoría, como signo de continuidad.
Ello incluso a cuestas con aquel lamentable episodio del "bichito que si se cae de la mesa se mata" ―ministro de sanidad dixit―. Un bichito respondón que resultaría ser un envenenamiento masivo causado por el aceite de colza previamente mezclado con aceites no aptos para el consumo humano, o quién sabe qué otros. Un triste asunto muy torpemente conducido por el gobierno, naturalmente tratado con la proverbial delicadeza de la oposición en asuntos sensibles, pese a no saber por dónde iban los tiros hasta el momento de saberse todo, finalmente. Pero que dio para masacrar al gobierno y prepararle la traca final.
Sin embargo, fue probablemente el de Calvo-Sotelo el último gobierno tras el cambio de régimen que no hizo cálculos partidistas y antepuso los intereses generales, con mayor o menor acierto en los asuntos como venía haciendo su predecesor ―gran político para la alta política, mal gestor del día a día―, equivocadamente o no, pero mirando siempre por el bien general del país aun a costa de la opinión contraria que suscitaran hacia su persona las decisiones a tomar.
Con su final se inauguró el tiempo de la partitocracia en España.
A ese respecto, don Leopoldo lo tuvo fácil, por tener "un Grupo Parlamentario enfermo de transfuguismo", con sus propias palabras. Algunos ministros y no sólo ministros le aguantaban en el cargo, midiendo bien el momento del abandono, mientras iban informando a la oposición del PSOE o de AP, según las personas los intereses y los casos, del último detalle hablado o decidido en los sanedrines ucederos o en el mismísimo Consejo de Ministros. Casos palmarios, paradigmáticos del transfuguismo según Calvo Sotelo, fueron, en direcciones opuestas,  los de Fernández Ordóñez hacia la izquierda y Herrero de Miñón (presidiendo, mientras fraguaba el salto, el Grupo Parlamentario de UCD) hacia la derecha de Fraga.
El de Calvo-Sotelo fue un gobierno de tránsito, sin expectativas, que hizo un trabajo aseado, a pesar de los muchos y duros palos que le cruzaron en las ruedas de su gestión. Que hizo lo que había que hacer, dejando después el poder a los socialistas, en una transición impecable.
La entrada en la OTAN fue un ejemplo de ello. Con el estamento militar en un momento difícil, había que entrar en la alianza de las democracias occidentales, compañeros naturales de viaje, de quienes había mucho que aprender y nada que temer. Y lo hicieron, pese a la enconadísima resistencia del mismo PSOE que, al cabo de muy poco tiempo, ya en el poder, haría un referéndum para mantenernos dentro (La OTAN de entrada NO, pero después, va y SI), cuando cayeron en la cuenta de que era lo que tocaba. El relato es digno de reseñarse: primero pactaron en Moscú no entrar en la Alianza si el Kremlin retiraba cualquier apoyo al PC español. Por consiguiente, se pusieron a defender "los intereses soberanos de España" frente a potencias y bloques, perdonando la vida a Calvo-Sotelo en cada encuentro a propósito del asunto; después, como palanca para el giro copernicano de González y su partido, en el XXX Congreso del PSOE se comienza a hablar, tal como lo cuenta Calvo-Sotelo, de su "disconformidad con la manera como el gobierno de UCD decidió la incorporación (...), irreflexiva, precipitada y gratuíta, rompiendo el consenso." (El subrayado es suyo). Ya no se discutía el fondo, sino las formas. Por último, el consabido referéndum, defendiendo el SI a quedarse dentro. Y además, con la abstención de AP, la supuesta derecha franquista tan proamericana.
Enfrente la demagogia más hostil y en casa una verdadera jaula de grillos; un charco repleto de ranas cantarinas anhelando nuevos charcos, con el agravante final de la defección del propio Adolfo Suárez, pese a los denodados esfuerzos del presidente para hacerle un partido a la medida que él determinara. Pero Suárez estaba determinado sí, a no compartir partido (en expresión de Calvo-Sotelo él en verdad requería una partida) con quienes le habían traicionado tantas veces, hasta el conocido episodio final de la Casa de la Pradera. 
 "Y se marchará efectivamente, pero sin las manos libres, porque UCD no se ha derechizado, ni ha pactado con Fraga; se marchará sin que le sea posible evitar el reproche (...) de haber dejado el espacio político de centro imposible para él y para los demás. Estas son su alfa y su omega ―sigue asertivo Calvo-Sotelo―: Adolfo Suárez, artífice de la transición e insigne fundador de la UCD; Adolfo Suárez, máximo, último, cismático tránsfuga de UCD."
Y fuese, que dirían en la Galicia natal de don Leopoldo.
Otra más de las gangas con las que se regaló aquel gobierno fueron las difíciles relaciones con Europa que el propio Calvo-Sotelo conocía de primera mano desde su penúltimo ministerio con Suárez. Especialmente nociva para los intereses españoles fue la Francia de Giscard d'Estaing, posiblemente el personaje más siniestro para los intereses españoles de ese siglo, en especial en lo concerniente a sus dos problemas esenciales allende los Pirineos: la lucha contra el terrorismo ―feroz entonces y refugiadas sus huestes activas cómodamente en Francia― y la adhesión española a las Comunidades Europeas. Refiriéndose a la generalidad de los personajes de aquella comedia (Barre, Chaban-Delmas, Pisani, etc.) Calvo-Sotelo lo expresa así: "La actitud hacia España era de enfrentamiento manchado por paternalismo e impertinencia, con alguna excepción amistosa. Si a los españoles nos costó trabajo aceptar el papel que nos corresponde en la comunidad internacional a finales del siglo XX, también a nuestros vecinos les costó trabajo ver en el pariente pobre del sur un interlocutor igual y una amenaza seria para su propio mercado interior."
El ex-presidente del gobierno don Leopoldo Calvo-Sotelo no ha estado entre los tres ex-presidentes de la democracia en los recientes funerales de estado porque murió el 3 de mayo de 2008, a los 82 años de edad. Así que sólo pudieron estar tres de los cinco presidentes que fueron, porque uno estaba de cuerpo presente y el otro reposaba en su tumba desde aquel día; el sexto, que a veces parece que lo sigue siendo, también estuvo.
Desde el 25 de junio de 2002 don Leopoldo pasó a ser marqués de la Ría de Ribadeo ―su ciudad natal―, con grandeza de España.
Hizo bien el rey en concederle el marquesado y la distinción, y acaso haría muy bien también en parar el carro de las concesiones para los que después han sido. A unos, digamos con benevolencia, les estaría fea la ostentación de un título, más allá del de abogado raso y de méritos ignorados cuando ejercieron ese oficio; a los otros, porque nunca dejaron de rendirse a los propios intereses y los de su partido, obviando olímpicamente o en todo caso posponiendo para nunca los de la mayoría de sus electores.
Sirva como epílogo lo siguiente: en aquellos días que ya no bañarán las mismas aguas a pesar de la tormenta que arrecia todavía sobre ellos  (claro, que si todavía estamos a la greña con la guerra civil que pronto cumplirá un siglo...), hubo un presidente que debió serlo en países que lo merecieran: ¿Noruega? ¿Dinamarca? ¿Canadá? Un hombre leal a su país que hizo un trabajo razonablemente bueno, se marchó sin ruido y de verdad ―retirándose sin más afán de revancha que la de la referida crónica, venial manera de actuar en buena lid y de frente― y supongo que después disfrutó de la vela, la música y de tantas aficiones como al parecer cultivó hasta el fin de sus días, huyendo en lo posible de las reapariciones.
También disfrutaría, sí, contra lo que pensábamos tantos entonces, de su buen sentido del humor, fino, sutil, algo pedante como él mismo reconoce, pero que nunca se consintió en el cargo porque tenía muy claro lo que al cargo le era debido y su significado. Las páginas de Memoria viva de la Transición demuestran hasta qué punto el humor a su manera entendido formaba parte de él, tan diferente en matices y tenores según las circunstancias, siempre discretas, y las personas.
De su amistad y su vecindad en la mesa con Pío Cabanillas, a veces con Joaquín Garrigues, durante muchos de los Consejos de Ministros de la etapa Suárez, nos deja noticia en las muchas anécdotas divertidas que cuenta sobre ambos. Durante el tiempo que fue ministro para la cosa europea, al decir de él, asistía al Consejo de Ministros, prácticamente de oyente. Se trataba de un Consejo con muy poca vocación europeísta, que él atribuyó con perspicacia a la tradición: de Franco para abajo había sido bien poca la afición europea de los próceres nacionales de la época. Europa no daba más que chascos, disgustos y, en el mejor de los casos, la espalda, tanto a la España de Franco, como a sus hijos e incluso a sus nietos políticos. Suárez, siempre bien dispuesto para las cumbres iberoamericanas, donde podía desplegar todo su encanto en español, desdeñaba las europeas  y ponía todas las dificultades a Calvo-Sotelo para prestarse a hacer acto de presencia en cualquier foro europeo.
Así pues, como oyente poco implicado en las cuestiones debatidas en el Consejo, podía cultivar sotto voce las bromas y los comentarios maliciosos con personajes tan habituados a ello como el inefable Pío Cabanillas ―cuyos conocidos aforismos todo el mundo pretendía entender, salvo a veces el propio don Pío―  o el mencionado Joaquín Garrigues, notable barón de la familia liberal, quien ya en el tramo final de su vida, acaso por saberlo, se permitía toda clase de licencias, casi siempre divertidas. Muchas veces, entre ellos se pasaban cuidadosamente comentarios en prosa y otras en verso. Sirva como despedida esta copla del malogrado contador de chistes, dedicada a otro tránsfuga, uno más de aquella veta suya inagotable: el ex-ministro de Educación con Suárez y tonante historiador en esas fechas, D. Ricardo de la Cierva:

Ayer, en su cacatio matutina,
(que tan píos sermones nos reserva)
me dicen que Ricardo de la Cierva
vuelve a insultarme  tanquam medicina.

¿Qué tengo yo, que mi persona inclina
pluma tan docta a la pasión proterva?
¿Qué tengo, que tan lúcida minerva
conmigo disparata y desatina?

Mira, Cierva, que en coplas y sin ganas
correspondo a tus cóleras insanas
y ni te tomo en serio, ni me enojo.

Piensa que de color y de adversario
conmigo te equivocas, por sectario:
fui Ministro contigo, y no soy rojo