Con alborozo general se ha acogido por la prensa y los empresarios de la pomada, el anuncio que el presidente Rajoy ha hecho en el Congreso, a propósito del Debate sobre Estado de la Nación (O Así), respecto a eso que, por una vez con el acierto propagandístico propio de la bancada de enfrente, han venido a llamar la Tarifa Plana en la cotización social (100 pavos) para los trabajadores contratados indefinidamente.
Quienes enfrente han denostado la medida, no lo han hecho por la inanidad de su valía para el común de los empresarios, es decir de los pequeños y medianos, sino que la han atacado, así de paso, como lo hubieran hecho con cualquier otra en su caso, por negar la mayor, es decir, todos sin excepción los cambios hechos por el PP desde el inicio de la legislatura, sin entrar en detallitos, porque la consigna era matar el efecto de la noticia, como fuera.
Antes de seguir: salvo por los aplausos rabiosos que propinan a sus señoritos, lo ruidosos y gestuales que se ponen o se oponen, con que fueran sólo los de la cresta al Congreso, seis o siete, sería suficiente; los demás son papagallos repitiendo consignas que corren apaisadas por las filas antes de ser despachadas en los pasillos (y lo que es peor, recogidas y propaladas por todos los medios).
¿Y cuál es el porqué de esa inanidad?
Pues, tal como lo veo, de nuevo serán las grandes empresas que subcontratan la selección de sus empleados y se aseguran mediante terceros bien pagados la idoneidad de éstos, quienes podrán beneficiarse de la medida. Porque quién va a contratar para su taller o su tienda o su pequeña fábrica a un desconocido, de manera indefinida. Miles de contratos fijos, cientos de miles se hubieran podido producir en ese tejido empresarial maltratado, si se le hubiera dado la posibilidad de hacérselos a sus empleados bien conocidos, aunque todavía con un contrato precario, por miedos bien fundados ante la situación y quienes la mecen. Pero eso no da cifras inmediatas de mejoría de los niveles de paro, claro.
Aunque probablemente las hubiera acabado dando: primero fijos los de casa, y después a prueba los nuevos. Sentido común, vaya.
De este modo, el que tenga valor que los contrate: si sale con barba San Antón y, si no, la Purísima Concepción. Y siempre cabe la posibilidad de echar al conocido (-1) y jugar a la bono-empleo (+1).
¡Regocíjense, empresarios de la pomada, que esto es Jauja!
jueves, 27 de febrero de 2014
Whatsappeando con el trasero al aire
El pasado lunes llovía la noticia desde todos los medios: inminente posibilidad de utilizar esta popular aplicación en su versión de voz. Llovía, sobre el terreno ya mojado de su muy reciente compra por Facebook.
Soy usuario de WA como casi todo el mundo, pero me importa un pito Facebook y además me resulta muy antipático; supongo que habrá quien haga un uso inteligente de este medio pero, en general, me parece una forma de exposición/exhibición de los aspectos menos relevantes e interesantes de cada cual, que me seduce bien poco. Ya sé, ya sé que tiene su utilidad en según qué casos, conozco desde la barrera los usos/abusos publicitarios y también sé que permite (como si no hubieran otros medios) conectarse al día a día de personas alejadas en el espacio e incluso en el tiempo.
A mi, esta sola idea de que un compañero o compañera del bachillerato, desaparecidos convenientemente en el tiempo, se me puedan presentar de súbito en mi teléfono o en mi PC, así sin más, sencillamente me resulta una posibilidad suficiente, no ya para no incurrir en Facebook, sino casi para abandonar la telefonía móvil.
Pero aceptando mi descreimiento acerca de los reencuentros, acaso mi pavor, no dejo de ver a mucha chavalería colgada del invento y exponiéndose en él a futuras vergüenzas, cuando no a severos lastres en lo personal e incluso en lo profesional (ya hay empresas que rastrean indicios de conductas indeseadas para su causa por las redes sociales).
Se me dirá que es un punto de vista que no tiene futuro; pero hay bien poco que oponerle desde el que pretende la prevalencia de la racionalidad y la calidad en las relaciones, y mucho que decir del espejismo de esa pseudocomunicación o comunicación interruptus que, tantas veces, contrariamente a lo que parece, incluso agrava la soledad de la gente.
Pero a lo que voy: esta pareja se casa o por mejor decir el pretendiente se ha merendado a la novia y a todos y cada uno de sus infinitos tentáculos. Ahora, la reiterativa sospecha de intromisión por parte de Facebook en la privacidad de sus usuarios, se hace flagrante o así parecerá, en cuanto sea convenientemente digerida WA. De modo que a la alegría de poderle pegar una patada (patadón, coz de mula torva) a las actuales telefónicas, sedes todas ellas donde se cuecen las mayores tropelías, abusos y se urden las peores pesadillas para sus usuarios; a ese júbilo que parecía nuestro ahí, a la vuelta de la esquina, hay que ver qué añitos, le alcanza ahora la larga sombra de esos gigantes - sin paranoias- que nos mueven con sus hilitos, porque saben, como los otros, los que ya sabían cómo vapulearnos. Todo ello siempre con la aquiescencia de esta España de playmóvil, y la habitual falta de cintura para lo que toca, de esa Europa de la Señorita Pepis.
Pasen si no y vean cómo se pone la cosa:
https://dl.dropboxusercontent.com/u/38615789/SEGURIDAD%20WhatsApp.pdf
No hay cuña como la de la misma madera (Teo Uriarte)
Aunque de bien distinta nobleza y calidad que la madera de esos cerriles incurables, por su cabal conocimiento de ellos, de sus tripas, Teo Uriarte hace un análisis a mi juicio brillante de la pomada que les conviene a semejantes obtusos con chapela, sus cutre-gestos y, por extensión, a los valedores/verificadores de lo inane.
Reproduzco aquí lo publicado el domingo pasado en El Mundo.
https://dl.dropboxusercontent.com/u/38615789/TEO%20URIARTE.pdf
Reproduzco aquí lo publicado el domingo pasado en El Mundo.
https://dl.dropboxusercontent.com/u/38615789/TEO%20URIARTE.pdf
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