viernes, 22 de agosto de 2014

Demagogia, Populismo, Nacionalismo



                                                   I

Candente canícula la de este año.

Fuegos hispanos que no cesan en los montes de cada verano, fuegos crepitantes en los partidos de viejo y nuevo cuño —salvo el impávido y ahora ignífugo Pepé—, y enardecidas mentes nacionalistas a la caza del signo, el detalle, la ilusión con que avivar el fuego fatuo identitario, que prende, pero sólo hace un humo de pajas.
Y corrupción, es decir, descomposición, putrefacción. Hiede el territorio nacional (digámoslo así) todo, con tres grandes focos incesantes: los Gürtel/Bárcenas peperos, Andalucía, ese patio de Monipodio regional que pringa, salpica y hunde en su ciénaga al PSOE e IU, a UGT y CCOO, sin solución de continuidad, y el último episodio del ridículo nacionalista en Cataluña que destapó el expresident Pujol, también abdicante, en su caso de la Molta Honorabilitat aneja al cargo, al contar urbi et orbe sus apañitos suizo-andorranos —como lladre a la carrera—, soltando algo de lo robado, a ver si se entretienen y le dan tregua en la huida con el grueso del botín. El caso Pujol/Ferrusola/Pujolitos …, para no cerrar la lista, porque habrá más, más allá del propio Mas.
Y oxidación y aluminosis en tantas maltratadas instituciones, con deber de vigilancia para que exista esa efectiva separación de poderes que no termina de existir. Para que tenga un peso verídico el voto ciudadano y no sea un sufragio engañoso y artero para alcanzar otro lustro de silencio ciudadano.

Fuegos castrenses de artillería terrestre y antiaérea en Ucrania, con un balance de casi trescientos inocentes, viajeros con un destino de paloma torcaz abatida en pleno vuelo. Muchos niños con sus padres; si tuvo que ser, mejor sus padres junto a ellos.
Un acto de la más abyecta sangre fría que lo único que va a poner sobre el tapete es la inoperancia, la nulidad internacional de esta Europa carísima que nunca es nadie en los conflictos en los que, sin embargo, termina siendo la primera afectada. Una Europa que apostó de manera facilona a bote pronto por el gobierno proeuropeo salido del golpe, que vio crecer a sus enanos en pocas semanas en Crimea y en Kiev, para finalmente demostrar bien a las claras tantos temores ante Putin, el nuevo zar de todas las Rusias, como ausencia de principios. O muchos en realidad, pero intercambiables: si no gustan al oponente se sustituyen por otros —como razonara el gran Marx (el filósofo del bigote tiznado, no el errático historicista de la barba cana).

Fuego sirio, incesante tres años y medio después de aquellas primeras protestas populares, bien recibidas contra el régimen de Bachar el Asad, cuando la región —Túnez, Libia, Egipto, Bahréin— comenzaba a irradiar aquel fervor que dio en llamarse la primavera árabe, y resultó preludio de un derrotero casi glacial.
El primer Ejército Libre Sirio (ELS) que se levantó contra el régimen de El Asad fue atomizándose poco a poco en milicias islamistas, algunas como el Frente Al Nusra, vinculadas a Al Qaeda, hasta la última y más siniestra formulación yihadista consistente en el Estado Islámico —suníes en su mayoría que consideran demasiado moderada a Al Qaeda y aspiran a crear un califato en la región, territorialmente por definir, aprovechando su sempiterna inestabilidad—.
Una funesta ideología teocrática, más cerril aun allí donde no se imaginaran ya márgenes de prosperidad para la cerrilidad, que rápidamente ha avanzado por el vecino Irak como un eco de la peor barbarie llegado a aquellas tierras áridas y desérticas, para dejar a su paso hacia el norte las imágenes más atroces concebibles, propias del más cruel fanatismo medieval, aunque dotado de las avanzadas tecnologías vigentes.
Gracias a ellas nos han disparado como cañonazos, imágenes y videos cuya bellaquería y escarnio superan la ficción más retorcida, ensañándose así en la filmación de matanzas masivas de cristianos y  kurdos yacidíes —una religión preislámica, secretista casi por la necesaria autoprotección frente al islamismo intolerante, y siempre criminal con sus adeptos—. Voces desgarradas que nos llegan contando violaciones salvajes de mujeres capturadas, tras asesinar a los hombres decapitándolos, decenas y decenas de ellos, cientos, y de niñas raptadas como esclavas, al viejo estilo sarraceno de doce siglos atrás.
Tanta barbarie, tanto renglón torcido, han conseguido lo impensable: el vecino Irán con sus barbas a remojo, compartiendo catre político con EEUU, el supuesto Estado tutelar de ese Irak en permanente conflagración.
Un país en el que habrán personas entre los treinta y los cuarenta años que no hayan conocido días sin disparos, semanas sin bombas, un tiempo pacífico en el que refugiarse mentalmente, una prosperidad que se haya demorado más allá de unos meses…
Juntos pues, han coincidido en retirar su confianza a Al Maliki y, si no revueltos, en paralelo se la han otorgando a Al Abadi, que tiene el encargo presidencial de formar un Gobierno con cabida para todas las confesiones. Y dispondrá de asesoramiento militar norteamericano, así como, tal como ha recalcado Obama hoy mismo, en el único discurso severo, intransigente y frontal contra esa chusma inhumana,  la ayuda de los bombardeos de castigo americanos para intentar hacer retroceder al EI.

Y ardió Gaza, cómo no; lo hizo por los cuatro costados la ciudad palestina tras el secuestro y posterior asesinato de tres jóvenes judíos, y el inicio por Israel de la llamada Operación Margen Protector.
Gaza en llamas, bajo el fuego judío, porque ese margen protector de las ciudades israelíes se ha visto amenazado por un entramado de túneles, habilitados con materiales en principio destinados a reconstrucciones y obras civiles, pero pensados para ser utilizados por Hamás como medio de aproximación y ataque terrorista a los judíos.
Con esa obsesión inextinguible de acabar con ellos, de echarlos al mar.
Desde el mes de julio se han sucedido los lanzamientos de cohetes desde Gaza y los posteriores ataques discriminados de Israel —indiscriminados para los voceros de Hamás— que han acabado con la vida de alrededor de un millar de gazatíes, entre los que muchos han sido niños, todos ellos en su papel de escudo y refugio de quienes les tienen sometidos a sus designios hostiles contra Israel, tanto como a sus intereses tacticistas coyunturales, ajenos por completo a su bienestar.
Sucesivos intentos de detener las hostilidades por unas horas o unos días, incluso para labores humanitarias, siempre han terminado con el lanzamiento de cohetes desde cualquier lugar de Gaza, si es que alguna vez cesó.
Y ha venido ardiendo Gaza y lo han hecho no pocas ciudades de Europa, donde la izquierda, tan amiga de Palestina como tradicionalmente antisemita, ha protestado furiosa en la calle el genocidio y la barbarie israelíes, sin la menor crítica a Hamás y a sus prácticas guerrilleras de acoso y hostigamiento sin fin a la población judía; produciéndose con una especial virulencia en París, donde fueron muchos los daños y muchos los contenedores incinerados para que no decayera el ardor.
Sin embargo, frente a otras ocasiones en que voces de esa misma izquierda, en Israel, se alzaron contra Sharon o el propio Netanyahu, esta vez se mantuvieron leales al gobierno, como unida y firme se mantuvo la opinión pública, acaso hastiados de esta infamia de nunca acabar, con tan buenos propagandistas, sin embargo.

                                                     II

En el patio nacional se ha constatado la inconsciencia manifiesta del ahora llamado PPSOE. Unos, por creer que escampará, que es posible mirar hacia otro lado en lo nacional y lo autonómico, como si no hubiera ocurrido el saqueo de las cajas bajo su gobierno, los lujos asiáticos que se han venido regalando durante años o los abusos económicos a los que han sometido a un electorado que depositó su confianza en ellos como jamás. Los otros, por mucho de lo mismo, pero sobre todo por esa absoluta incapacidad para la autocrítica que los hace inasequibles a la vergüenza: años de zapaterismo que dejaron esto como un erial, economía de postguerra, corrupción en cifras nunca conocidas —además en nombre de los trabajadores—, y ellos siguen sin un atisbo de propósito de enmienda, de frente camino hacia el oso de la extrema izquierda, para abrazarse a él, como si no supiéramos en qué consisten esas políticas suicidas. La vía PSC como única vía.
Por su parte, el delirio catalán se ha exacerbado si cabe, tras la vergonzante confesión del expresident y jefe de la banda de saqueadores, como era pronosticable cuando el cultivo-ambiente en que te mueves es una barreja del populismo entontecedor de la ANC (Assemblea Nacional Catalana) y esa maraña bien pagada y tejida de asociaciones e iniciativas pro-delirio, y el nacionalismo irreflexivo y victimista de CyU, ERC, el propio PSC, ese batiburrillo de camino entre la izquierda antiespañola, los nacionalistas pata negra y los charnegos que necesitan hacérselo perdonar, como tribus más constatables.
Para todos ellos, estas palabras fechadas en Madrid, el diez de octubre de 1934, dirigidas a sus lectores de La Veu de Catalunya, por acaso el más insigne damnificado de esta farsa visceral; perdidos el merecido respeto y la consideración a él debidos por sus actuales paisanos, todos o muchos de ellos incluidos ahora en esa abstrusa sopa de letras catalano-mágica:

Los hombres de Ezquerra, que gobernaban en la Generalitat de Cataluña, a pesar de la magnífica posición de privilegio de que disfrutaban dentro del régimen, privilegio que no había conocido nunca ningún partido político catalán, han creído que tenían que ligar su suerte a la política de los hombres más destructivos, más impopulares y más odiados de la política general. Se han equivocado, y lo han pagado caro. Han comprometido, sobre todo, lo que tendría que haber sido sagrado para todos los catalanes de buena fe: la política de la Autonomía, el Estatuto de Cataluña. (…) Diremos sólo que Cataluña sigue con su historia trágica, y que sólo eliminando la frivolidad política que hemos vivido últimamente se podrá corregir el camino emprendido.
Josep Pla: La Segunda República Española. Una Crónica, 1931-1936 (Pgs. 1156-1159)

El citado artículo, titulado El momento actual, habla con horror de los conocidos sucesos acaecidos, fundamentalmente en Asturias, a partir del cuatro de octubre, con el levantamiento contra la República de los socialistas y determinados políticos de izquierdas —que nos hacen retroceder a épocas de pura barbarie— y, asimismo, de la proclamación por el presidente Companys, a las ocho de la noche del día seis, del Estado Catalán de la República Federal Española.
Acaso ese seny atribuido a los catalanes y, sin la menor duda, cultivado por el extraordinario escritor y periodista ampurdanés, haya degenerado por el abuso de la peor de las demagogias vigente durante más de treinta años, la nacionalista, que siempre viene trufada de populismo. Una peste que parecía apagada o casi en toda Europa, pero que siempre prende en determinados rincones de ella, para ventaja de rufianes y arribistas sin ningún talento.

Otra triste y pertinaz constatación ha sido la vieja conocida hipocresía de gran parte de la izquierda europea respecto al conflicto judeo-palestino. El antisemitismo de esa izquierda, inoculado o heredado probablemente, además de por las viejas y oscuras fobias ancladas muchos siglos ha, pero asombrosamente todavía pervivientes, sin lugar a dudas, por la influencia directa o indirecta del comunismo.
Hay que decir que no hay totalitarismo que no haya odiado al judío y no haya intentado acabar con él. Después se urde el relato que convenga al caso. Se perpetra.
Y la izquierda europea no termina de quitarse de encima el pelo de la dehesa de ese aciago hábito.
La izquierda europea y no pocos organismos internacionales tomados, más algunos gobiernos, como el nuestro, de principios algo melifluos y deleznables, han corrido a prestar su apoyo según se lo dictaban los propagandistas y voceros de Hamás, que son legión según se ha comprobado. Aquí, precisamente. Como si no supiéramos de eso; como si no hubiéramos tenido que soportar mil muertos, uno a uno, y muchísimas más de mil justificaciones por cada uno de esos viles asesinatos.
Las miserias y el doble juego del buenismo de esa izquierda se ha visto retratado hasta lo grotesco y obsceno, cuando cristianos y  kurdos yacidíes van siendo exterminados masiva y salvajemente por los socios ideológicos de Hamás, y no se ha alzado una voz ni se ha convocado la menor protesta ante, esa sí, tamaña matanza indiscriminada.

Europa, esa vieja zorra interesada, avara y sin escrúpulos, en cualquier momento dará cobijo a la reunión de su más ejecutivo sanedrín y, mucho cuidado, bestias medievales en general, putines y otras plagas bíblicas, porque emitirán una nota: ¡lo harán…!
Por lo demás, Hamás puede seguir lanzando cohetes a una población civilizada y laboriosa que comparte nuestros valores, y el califato que viene, rebanando cuellos, violando mujeres y esclavizando niñas (¿feministas europeas indignadas, dónde?), porque no hay prisa.

Que venga el otoño y su gota fría. Que venga muy fría esa gota.

No hay comentarios:

Publicar un comentario