I
Candente canícula la de este año.
Fuegos hispanos que no cesan en los montes de
cada verano, fuegos crepitantes en los partidos de viejo y nuevo cuño —salvo el
impávido y ahora ignífugo Pepé—, y enardecidas mentes nacionalistas a la caza
del signo, el detalle, la ilusión con que avivar el fuego fatuo identitario,
que prende, pero sólo hace un humo de pajas.
Y corrupción, es decir, descomposición,
putrefacción. Hiede el territorio nacional (digámoslo así) todo, con tres
grandes focos incesantes: los Gürtel/Bárcenas peperos, Andalucía, ese patio de
Monipodio regional que pringa, salpica y hunde en su ciénaga al PSOE e IU, a
UGT y CCOO, sin solución de continuidad, y el último episodio del ridículo
nacionalista en Cataluña que destapó el expresident Pujol, también abdicante, en su caso
de la Molta Honorabilitat aneja al cargo, al contar urbi et orbe sus apañitos suizo-andorranos —como lladre a la carrera—, soltando algo de lo
robado, a ver si se entretienen y le dan tregua en la huida con el grueso del
botín. El caso Pujol/Ferrusola/Pujolitos …, para no cerrar la lista, porque
habrá más, más allá del propio Mas.
Y oxidación y aluminosis en tantas maltratadas
instituciones, con deber de vigilancia para que exista esa efectiva separación
de poderes que no termina de existir. Para que tenga un peso verídico el voto
ciudadano y no sea un sufragio engañoso y artero para alcanzar otro lustro de
silencio ciudadano.
Fuegos castrenses de artillería terrestre y
antiaérea en Ucrania, con un balance de casi trescientos inocentes, viajeros
con un destino de paloma torcaz abatida en pleno vuelo. Muchos niños con sus
padres; si tuvo que ser, mejor sus padres junto a ellos.
Un acto de la más abyecta sangre fría que lo
único que va a poner sobre el tapete es la inoperancia, la nulidad
internacional de esta Europa carísima que nunca es nadie en los conflictos en
los que, sin embargo, termina siendo la primera afectada. Una Europa que apostó
de manera facilona a bote pronto por el gobierno proeuropeo salido del golpe,
que vio crecer a sus enanos en pocas semanas en Crimea y en Kiev, para
finalmente demostrar bien a las claras tantos temores ante Putin, el nuevo zar
de todas las Rusias, como ausencia de principios. O muchos en realidad, pero
intercambiables: si no gustan al oponente se sustituyen por otros —como
razonara el gran Marx (el filósofo del bigote tiznado, no el errático
historicista de la barba cana).
Fuego sirio, incesante tres años y medio
después de aquellas primeras protestas populares, bien recibidas contra el
régimen de Bachar el Asad, cuando la región —Túnez, Libia, Egipto,
Bahréin— comenzaba a irradiar aquel fervor que dio en llamarse la primavera árabe, y
resultó preludio de un derrotero casi glacial.
El primer Ejército Libre Sirio (ELS) que se
levantó contra el régimen de El Asad fue
atomizándose poco a poco en milicias islamistas, algunas como el Frente Al
Nusra, vinculadas a Al Qaeda, hasta la última y más siniestra formulación
yihadista consistente en el Estado Islámico —suníes en su mayoría que consideran demasiado moderada a
Al Qaeda y aspiran a crear un califato en la región, territorialmente por
definir, aprovechando su sempiterna inestabilidad—.
Una funesta ideología teocrática, más cerril
aun allí donde no se imaginaran ya márgenes de prosperidad para la cerrilidad,
que rápidamente ha avanzado por el vecino Irak como un eco de la peor barbarie llegado
a aquellas tierras áridas y desérticas, para dejar a su paso hacia el norte las
imágenes más atroces concebibles, propias del más cruel fanatismo medieval, aunque
dotado de las avanzadas tecnologías vigentes.
Gracias a ellas nos han disparado como
cañonazos, imágenes y videos cuya bellaquería y escarnio superan la ficción más
retorcida, ensañándose así en la filmación de matanzas masivas de cristianos
y kurdos yacidíes —una
religión preislámica, secretista casi por la necesaria autoprotección frente al
islamismo intolerante, y siempre criminal con sus adeptos—. Voces desgarradas
que nos llegan contando violaciones salvajes de mujeres capturadas, tras
asesinar a los hombres decapitándolos, decenas y decenas de ellos, cientos, y
de niñas raptadas como esclavas, al viejo estilo sarraceno de doce siglos
atrás.
Tanta barbarie, tanto renglón torcido, han
conseguido lo impensable: el vecino Irán con sus barbas a remojo, compartiendo
catre político con EEUU, el supuesto Estado tutelar de ese Irak en permanente
conflagración.
Un país en el que habrán personas entre los
treinta y los cuarenta años que no hayan conocido días sin disparos, semanas
sin bombas, un tiempo pacífico en el que refugiarse mentalmente, una
prosperidad que se haya demorado más allá de unos meses…
Juntos pues, han coincidido en retirar su
confianza a Al Maliki y, si no revueltos, en paralelo se
la han otorgando a Al Abadi, que tiene el encargo presidencial de formar un
Gobierno con cabida para todas las confesiones. Y dispondrá de asesoramiento
militar norteamericano, así como, tal como ha recalcado Obama hoy mismo, en el único
discurso severo, intransigente y frontal contra esa chusma inhumana, la ayuda de los bombardeos de castigo
americanos para intentar hacer retroceder al EI.
Y ardió Gaza, cómo no; lo hizo por los cuatro
costados la ciudad palestina tras el secuestro y posterior asesinato de tres
jóvenes judíos, y el inicio por Israel de la llamada Operación Margen
Protector.
Gaza en llamas, bajo el fuego judío, porque
ese margen protector de las ciudades israelíes se ha visto amenazado por un
entramado de túneles, habilitados con materiales en principio destinados a
reconstrucciones y obras civiles, pero pensados para ser utilizados por Hamás
como medio de aproximación y ataque terrorista a los judíos.
Con esa obsesión inextinguible de acabar con
ellos, de echarlos al mar.
Desde el mes de julio se han sucedido los
lanzamientos de cohetes desde Gaza y los posteriores ataques discriminados de Israel
—indiscriminados para los voceros de Hamás— que han acabado con la vida de
alrededor de un millar de gazatíes, entre los que muchos han sido niños, todos
ellos en su papel de escudo y refugio de quienes les tienen sometidos a sus
designios hostiles contra Israel, tanto como a sus intereses tacticistas
coyunturales, ajenos por completo a su bienestar.
Sucesivos intentos de detener las hostilidades
por unas horas o unos días, incluso para labores humanitarias, siempre han
terminado con el lanzamiento de cohetes desde cualquier lugar de Gaza, si es
que alguna vez cesó.
Y ha venido ardiendo Gaza y lo han hecho no
pocas ciudades de Europa, donde la izquierda, tan amiga de Palestina como
tradicionalmente antisemita, ha protestado furiosa en la calle el genocidio y la barbarie israelíes, sin la menor crítica a
Hamás y a sus prácticas guerrilleras de acoso y hostigamiento sin fin a la
población judía; produciéndose con una especial virulencia en París, donde
fueron muchos los daños y muchos los contenedores incinerados para que no decayera
el ardor.
Sin embargo, frente a otras ocasiones en que
voces de esa misma izquierda, en Israel, se alzaron contra Sharon o el propio
Netanyahu, esta vez se mantuvieron leales al gobierno, como unida y firme se
mantuvo la opinión pública, acaso hastiados de esta infamia de nunca acabar,
con tan buenos propagandistas, sin embargo.
II
En el patio nacional se ha constatado la
inconsciencia manifiesta del ahora llamado PPSOE. Unos, por creer que escampará,
que es posible mirar hacia otro lado en lo nacional y lo autonómico, como si no
hubiera ocurrido el saqueo de las cajas bajo su gobierno, los lujos asiáticos
que se han venido regalando durante años o los abusos económicos a los que han
sometido a un electorado que depositó su confianza en ellos como jamás. Los
otros, por mucho de lo mismo, pero sobre todo por esa absoluta incapacidad para
la autocrítica que los hace inasequibles a la vergüenza: años de zapaterismo
que dejaron esto como un erial, economía de postguerra, corrupción en cifras
nunca conocidas —además en nombre de los trabajadores—, y ellos siguen sin un
atisbo de propósito de enmienda, de frente camino hacia el oso de la extrema
izquierda, para abrazarse a él, como si no supiéramos en qué consisten esas
políticas suicidas. La vía PSC como única vía.
Por su parte, el delirio catalán se ha
exacerbado si cabe, tras la vergonzante confesión del expresident y jefe de la banda de saqueadores,
como era pronosticable cuando el cultivo-ambiente en que te mueves es una barreja del populismo entontecedor de la ANC (Assemblea
Nacional Catalana) y esa maraña bien pagada y tejida de asociaciones e
iniciativas pro-delirio, y
el nacionalismo irreflexivo y victimista de CyU, ERC, el propio PSC, ese
batiburrillo de camino entre la izquierda antiespañola, los nacionalistas pata negra y los charnegos que necesitan
hacérselo perdonar, como tribus más constatables.
Para todos ellos, estas palabras fechadas en
Madrid, el diez de octubre de 1934, dirigidas a sus lectores de La Veu de
Catalunya, por acaso el más insigne damnificado de esta farsa visceral;
perdidos el merecido respeto y la consideración a él debidos por sus actuales
paisanos, todos o muchos de ellos incluidos ahora en esa abstrusa sopa de
letras catalano-mágica:
Los hombres de Ezquerra, que gobernaban en la Generalitat de Cataluña, a pesar de la magnífica
posición de privilegio de que disfrutaban dentro del régimen, privilegio que no
había conocido nunca ningún partido político catalán, han creído que tenían que
ligar su suerte a la política de los hombres más destructivos, más impopulares
y más odiados de la política general. Se han equivocado, y lo han pagado caro.
Han comprometido, sobre todo, lo que tendría que haber sido sagrado para todos
los catalanes de buena fe: la política de la Autonomía , el Estatuto
de Cataluña. (…) Diremos sólo que Cataluña sigue con su historia trágica, y que
sólo eliminando la frivolidad política que hemos vivido últimamente se podrá
corregir el camino emprendido.
Josep Pla: La Segunda República Española. Una Crónica, 1931-1936 (Pgs. 1156-1159)
El citado artículo, titulado El momento actual, habla con
horror de los conocidos sucesos acaecidos, fundamentalmente en Asturias, a
partir del cuatro de octubre, con el levantamiento contra la República de los socialistas y determinados
políticos de izquierdas —que nos hacen retroceder a épocas de pura barbarie—
y, asimismo, de la proclamación por el presidente Companys, a las ocho de la
noche del día seis, del Estado
Catalán de la República Federal Española.
Acaso ese seny atribuido a los catalanes y, sin la
menor duda, cultivado por el extraordinario escritor y periodista ampurdanés,
haya degenerado por el abuso de la peor de las demagogias vigente durante más
de treinta años, la nacionalista, que siempre viene trufada de populismo. Una
peste que parecía apagada o casi en toda Europa, pero que siempre prende en
determinados rincones de ella, para ventaja de rufianes y arribistas sin ningún
talento.
Otra triste y pertinaz constatación ha sido la
vieja conocida hipocresía de gran parte de la izquierda europea respecto al
conflicto judeo-palestino. El antisemitismo de esa izquierda, inoculado o
heredado probablemente, además de por las viejas y oscuras fobias ancladas muchos
siglos ha, pero asombrosamente todavía pervivientes, sin lugar a dudas, por la
influencia directa o indirecta del comunismo.
Hay que decir que no hay totalitarismo que no haya
odiado al judío y no haya intentado acabar con él. Después se urde el relato
que convenga al caso. Se perpetra.
Y la izquierda europea no termina de quitarse
de encima el pelo de la dehesa de ese aciago hábito.
La izquierda europea y no pocos organismos
internacionales tomados,
más algunos gobiernos, como el nuestro, de principios algo melifluos y deleznables,
han corrido a prestar su apoyo según se lo dictaban los propagandistas y
voceros de Hamás, que son legión según se ha comprobado. Aquí, precisamente. Como
si no supiéramos de eso; como si no hubiéramos tenido que soportar mil muertos,
uno a uno, y muchísimas más de mil justificaciones por cada uno de esos viles asesinatos.
Las miserias y el doble juego del buenismo de
esa izquierda se ha visto retratado hasta lo grotesco y obsceno, cuando
cristianos y kurdos yacidíes
van siendo exterminados masiva y salvajemente por los socios ideológicos de
Hamás, y no se ha alzado una voz ni se ha convocado la menor protesta ante, esa
sí, tamaña matanza indiscriminada.
Europa, esa vieja zorra interesada, avara y
sin escrúpulos, en cualquier momento dará cobijo a la reunión de su más
ejecutivo sanedrín y, mucho cuidado, bestias medievales en general, putines y
otras plagas bíblicas, porque emitirán una nota: ¡lo harán…!
Por lo demás, Hamás puede seguir lanzando
cohetes a una población civilizada y laboriosa que comparte nuestros valores, y
el califato que viene, rebanando cuellos, violando mujeres y esclavizando niñas
(¿feministas europeas indignadas, dónde?), porque no hay prisa.
Que venga el otoño y su gota fría. Que venga
muy fría esa gota.
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